martes, diciembre 01, 2009

Este teclado es suave y benevolente, mis dedos caminan sobre hierbas, con un diario bajo el brazo y las letras van apareciendo. Sin embargo el hastío aún no se ha dejado escapar. Supongo que al bajar del bus también tendría esa intención Fernando Ducrot. A veces aparece de la nada, cuando todo es un caos, mirando un paisaje, cuando se imagina a sí mismo formando parte de nada en realidad, esperando contar a todo el mundo una alegría que nadie puede escucharla, porque viene de él que no es nadie. Sus manos han tocado fuera y como si se tratara de un castigo, no puede salir, por más que sea esperado, querido. Se limita a delinear, pensar, escribir las palabras que tendrá que decir un día.
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Una noche pensé hacer unas cuantas cosas, trepar hacia la discoteca, y contarlo a todo el mundo, burlarme de las personas intocables como si yo hubiera sabido siempre y me hubiera bastado mirar su mejilla, o sus ojos en mi última visita —ni siquiera eso: su paciencia, su quietud— para no compartir la equivocación de los demás, para no ayudar con mi deseo, inconsciente, a la derrota y al agobio de la mujer que no los merecía; pensé después trepar hasta la discoteca y pasearme entre todos sin decir una palabra de la historia, teniendo la carta en las manos o en un bolsillo. Pensé en visitarla, llevarle un paquete de frutas y sentarme junto a la cama para que vea cómo se cansan los gestos de un hombre con una sonrisa amistosa, para suspirar en secreto, aliviado, cada vez que ella lo acariciaba con timidez en mi presencia.

Pero toda mi excitación era absurda, más digna de otro que estuviera más cerca. Porque, suponiendo que hubiera acertado al interpretar la carta, no importaba, en relación a lo esencial, el vínculo que me unía a ella. Era una mujer, en todo caso; del otro lado, y yo, Fernando Ducrot.

miércoles, octubre 14, 2009

¿Existen razones para dejar de escribir o simplemente se trata de una pose?

Antes de escribir lo que estoy escribiendo he borrado tanto. Cada cosa que digo, aunque la lea una sola persona, tiene alguna dosis fuerte y retenida, me temo. Pero iagual tengo que escribirlo.

Dicen que leer libros te hace hacer cosas, pero no sé si esta vez funcionó al revés. Leer libros de bartlebys te hacen no escribir. En este caso me he convencido que tratar de ser escritor es algo patético, los que escriben tienen un sentido del ego muy torcido. Digo esto y me apoyo en los bartlebys, pero luego luego pienso y digo que decir todo lo anterior es aún más patético y ridículo.

En realidad creo que debo regresar a leer mis viejitos libros, donde empecé con todo este martirio y gloriosa incursión de escribir. No hubiera pasado así si alguien no me rescatara a través de cartas.
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Me alejé tanto de la palabra como de ti, pero así como la palabra construye guiños y gestos que nunca nadie leerá, lo explícito y evidente cansa por su brutalidad. Gestos que se quedan debajo de la cama, debajo de las ropas. A pesar de las marcas en el cuerpo, a pesar de sufrir depresiones que pretenden borrar los tatuajes del alma, agitadas batallas por fútiles motivos; a pesar de todo eso, sigues ahí. Quisiera desgastarme en la rutina contigo. Saber que eres de verdad.

miércoles, julio 08, 2009

A unos cuantos días

He decidido no gobernarme, no perderme en la razón; tan solo sentir.
La nada que es todo, lo que me permite llegar a ti, sin entender por
qué. Te escuché un poco extrañada de mí, preocupada. Quisiera decirte
que ahora sólo soy el efecto de todo lo que haces, que me voy
convirtiendo en la excusa de tus caminos paralelos, de cuando no eres
tú. ¿Pero cómo ser alguien que no eres tú? Tendría también que dejar
de ser yo para escapar mi vida en la tuya, una complicada ecuación que
necesita de alguien sin razón para resolverla, quizás. Por eso talvez
piensas ponerle ése nombre. Si es así, me queda agradecerte en
palabras, en hechos será cuando las ciudades, el sol y el viento lo
quieran.

martes, mayo 26, 2009

que sea junio y garúe

Pasa el tiempo y uno aprende a no decir las cosas, va simplemente viviendo. Hay un punto en que los demás adivinan la tranquilidad, la paciencia, la parsimonía estúpida de la resignación. Una imitación de troglodita que ya no desdeña los afanes ajenos, ya no piensa, sólo deja pasar. Soportar ya no es una carga. Había unas flores en casa cuando niño, no podía verlas porque estaban sobre el alto lavadero, el aroma fresco invadía la pesada tarde de sol. Alguien había permitido que el agua corriera sin remedio. Me parecía injusto que luego de tocar las flores esas aguas se convirtieran en agua pasada.

domingo, mayo 17, 2009

Reclamo a mí

¿Por qué lo extraordinario por lo general no es posible?
¿Porque simplemente es extraordinario o porque me encargo de lo previsto?

Y yo deseo, deseo, lo imposible...

miércoles, abril 22, 2009

Generalmente creo que he encontrado a mi enemigo, y tengo una razón por la que vivir,
pero ese enemigo de mierda es tan cabrón que me engaña, me distrae y me hace pensar
que estoy peleando con él, pero de repente descubro que no es él.

¿Quién soy ahora?

Mañana tendré que inventarme uno o moriré, o ¿cómo se supone que debo vivir?

God, save me!

domingo, abril 05, 2009

asdg

Tengo la necesidad de escribir algo y eso me causa gracia, quizá sea una marca de mi interna intención de ser escritor, a la que renuncié por que creo que tengo que ser más viejo para decir cosas que valgan la pena. A la hora que me viene esta necesidad.

Y con esa intención, sin ningún apuro, con más confianza porque desconfío de ser “escritor”, me miro al ombligo y, en verdad, a pesar de todo, no hubiera querido que sea de otra manera. Supongo que así me recompensa el olvido cuando reviso unos archivos de mi disco duro que estaban algo empolvados.

Cada forma de organizar dichos archivos, los nombres otorgados, mis músicas y las de otras personas, todo eso, luego de este tiempo, parece un museo de antiguos terrores y amores. Me pregunto si debo alegrarme o entristecerme por haber salido de todo el pasado. Pues me veo y sigo vivo pero también muero un poco.

Es que uno se acostumbra a vivir incluso en un metro cuadrado, uno se conforma con poco e incluso con mucho. Es que algo debe estar mal en los mundos montados para cada quien. Lo sé porque hay mañanas en las que aterrizo a la realidad real todavía con lágrimas de los sueños en los que lloré. Es lo único que se puede transportar. Deben ser historias muy buenas, es una pena que se me vayan olvidando en el día (ya conseguí una libretita donde anotar).

Mis disculpas por estas reflexiones y divagaciones, son re aburridas y abstractas, así que, luego de leer mi anotación de lo que soñé anteayer, me pondré a escribir una historia. Una historia que no sé si pertenece más al sueño, a lo virtual, a lo real o a la ficción. Es que hay historias historias, curiosas, formas distintas de amar.

Dos puntos más que, como sabemos, eligen el laberinto y no la línea recta para encontrarse. Por mi parte miro siempre en la dirección donde estás, desde esta posición estás muy bien.

martes, marzo 03, 2009

Otro arte

Ahora soy un Fernando Ducrot menos Ducrot. Porque uno intenta tener dos existencias y esta vez no las tengo. Como dices, se tiene un pasado sinuoso; y como dice Auster, siempre la vida te marca con x, el ex casado, el ex amante, el ex de todo un poco. Finalmente, el pasado. La bifurcación del camino que pudo ser y que no fue, pero que sin embargo es. Como quieras. La marca sigue. Por eso mi retiro, por eso mi renuncia a Ducrot y todo lo demás para intentar encontrar otro sendero, para eludir los desastres. Supongo que uno no puede eludir internarse en los inconmensurables fondos de su ser. Queda dejarse caer, como una necesidad

Y mientras voy alimentando al sin huesos me voy cansando de la depresión del Ducrot, voy dejando su estilo, sin quererlo. Hasta creo que no tengo nada más qué decir aquí. Disculpa. Quiero hablarte de otras cosas.

Quiero hablarte de las montañas que no acaban, de las plantas que se apresuran para acariciar cuando se recorren sus caminos. De lo fácil que es acostumbrarse a ellas.

Quiero hablarte de pieles soleadas, de manos ásperas que no saben esto de escribir, de almas simples. De las ninfas que se acercan cuando prendes los focos, aquellas que antes eran para mí sólo insectos. De las horas que pasan naturales, sin mezquinos relojes que las aprisionen.

Ganas de ser un buen tipo y no el erizado de prejuicios que tiene que soportar este blog. Como que se me gastó la rabia y los deseos de venganza y muerte. Odio decirlo, pero se trata de eso que llaman paz.

Te voy a contar una historia –y es que me dio también por contar historias–. Un niño caminaba por la calle de la mano de su madre un domingo cualquiera. Siempre caminaban así. A pesar que hubiera mucha gente, ellos nunca se soltaban. La presión de la madre podía ser en esos momentos más fuerte y eso significaba para el niño un signo de cariño, él había aprendido a caminar así. No se imaginaba qué podría hacer solo en los grandes mercados sin poder levantar un poco los brazos y sostenerse aunque sea de uno de los dedos de su madre. Si a veces la madre lo soltaba, era para comprar o mirar algo, a veces un juguete para el niño. Mientras más crecía, al niño le gustaba jugar más con esto de desprenderse. Si se acercaba un basurero en la acera, él la soltaba y lo bordeaba para reencontrarse con la piel de mamá. Si venía un grupo de gente, aparentaba desaparecer para luego encontrarla. A veces él sólo veía venir a la madre y sin mirar arriba tomaba su mano.
Pero este soleado domingo a las tres de la tarde, el niño experimentaría una desaparición de verdad. Luego de una esquiva incursión por fuera de la acera en una atiborrada avenida, tomó las manos y siguió caminando. A pesar que las manos eran frías no parecía haber mayor diferencia. Casi arrastrándola señaló hacia unos juguetes, un tractor que la madre siempre postergaba con un “luego veremos”. Pero esta vez ella no respondió. El niño quiso insistir. No pudo porque cuando miró hacia arriba no era ella. Era una mujer desconocida que lo miraba sonriendo.

Dicen que el terror es cuando algo que conoces se vuelve extraño. Cuando descubrimos que un ser amado sostiene un cuchillo en la espalda. Cuando la madre que creías, ahora es otra. El niño soltó con violencia la mano de la ajena, miró a todos lados y no encontró el sombrero amarillo de mamá. Cruzó, furioso, las calles, corrió hacia la esquina donde la había dejado, miró otra vez entre la gente. Sentía que mientras más se esmeraba en buscarla, ella más lejos estaba. Lloraba y juraba a diosito, entre dientes, que si ella aparecía nunca más haría esas escapadas. Se quedó unos eternos segundos ahí y el milagro ocurrió. Nunca quiso poseer tanto a alguien, las manos no le bastaban.

El niño creció luchando con esta promesa pero no pudo con su espíritu desertor. Tampoco pudo convertirse en un ferviente cristiano. Aceptó con resignación que las personas desparecen y que a veces es mejor si se quiere aprender. Todavía cree que es posible reencontrarlas, cuando pasen los años o cuando se trate de otras vidas.
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Moraleja: Hay un arte para encontrar las cosas.
Evidencia: Esto se escribió antes del post sobre la Bishop, no tenía moraleja.

sábado, diciembre 20, 2008

Estaba viendo la capacidad que tiene el plagiador de soportar la presión social. Tenían que darse cuenta algún día, ahora me siento mejor. Alguien intenta tranquilizarme. "hasta Borges era un plagiador..." Dejaremos aquí todo, me gustan las personas que sonríen cuando alguien dice que es creativo. Es una larga discusión, claro, finalmente estas palabras ya las dijo alguien, en este orden, incluso esto: asojivniqubvjñsvda. Pero qué júbilo volver a escribirlas, que feliz incursión, la de repetirse. Hasta se necesita un poco de valentía para reconocerlo, un poco de eficacia, como decía Crispín.

miércoles, noviembre 05, 2008

Escaleras

Los vivos me dicen que tengo suerte con las cosas que me pasan. Pero la realidad es otra: existen almas que me cuidan. Las muertes que no debieron pasar. Las malas muertes que me matan. Que me dicen cómo deberé morir. Las almas que sentencian: “dime cómo mueres y te diré quién eres”.

Todo tiene su precio. No es suerte.

Si intento eludir a la muerte (si ahorro para mi jubilación, si respeto los semáforos, si llevo condones, si no prevalece mi instinto, si mi vida agoniza la muerte de algunos vivos, si me desvivo por no morir, si me aseguro esta existencia) estaré eludiendo en realidad a la vida.

Queda entonces amar a la muerte, burlarse de ella, acariciarla, dormir con ella, festejarla, tenerla como un trofeo y beber de ella.

sábado, septiembre 20, 2008

Excusas

Joseph Joubert nació en Montignac en 1754 y murió setenta años después. Nunca escribió un libro. Sólo se preparó a escribir uno, buscando decididamente las condiciones justas que le permitieran escribirlo. Luego olvidó también ese propósito.


Bartleby y compañía. - Vila Matas

lunes, septiembre 08, 2008

Deseos insufribles

¿Y dónde diablos está el maricón de Apolo? Apolo está enfermo, grave.
Bolaño en “Enfermedad + literatura = enfermedad”


Pedro Juan Gutiérrez dice que cuando encontró su estilo fue una catarsis perpetua, “ahí, chico, en esta mesa a las dos o tres de la mañana, con el licor a lado y los papeles revueltos. Y me decían que eso no era material literario, así, descaradamente”. ¿Por qué estos escritores me fascinan? ¿Por qué la Alfonsina es sólo una imagen caminado por las orillas? ¿Por qué la Shelley es ella escribiendo sobre un triste hombre mirando los Alpes? ¿Por qué el Nabokov escribiendo sólo de pelotitas de tenis? ¿Por qué Fuckowski y Viscarra? Si la literatura no es eso, si es sólo oficio, solo trabajo, profesionalismo, técnica y disciplina, me cago en ella. Yo quiero fervor, furia, arrobamiento. La musa, sea lo que sea eso. Quiero eyaculación y éxtasis, no mundos apolíneos y estructurados. ¡Vengan mis terrores y patrañas dionisiacas! Mis vicios pasados.

Y por eso empecé a odiar el fútbol, cuando se impuso el profesionalismo, el rigor academicista y lo predecible. El discurso del fariseo —similar al blog con perfil, mascota, amigos, bloguivianos y “Viva la paz”—. Así, no hay peor tortura que ver un programa de fútbol: dejo de comer, dejo de reír, y con solo ver a su gordo conductor, vomito.

Quiero escribir una literatura como si se tratara de un andamiaje del Play Land Park, quizá un carrusel más, pero por lo menos algo distinto, uno que cuando se suba alguien le haga salir sangre por las narices.
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Parece tan sencillo lo que quieres, tan sencillo como caminar por el agua sin que la arena olvide tus pies.

sábado, agosto 09, 2008

...

Mantener feliz a alguien es casi imposible, el signo de un dios.

Un hombre ambicioso emula la intención de los dioses tratando de ser un modelo perfecto, absoluto. Su simetría no podría tener mejor intención, se concentra en el objetivo y, por tales razones, se convence que hace feliz a alguien, pero en realidad no lo sabe. Si pasa algo se pregunta qué hizo mal.

Otro, un hombre mediocre, en este infeliz duelo por la felicidad, no aspira a mucho. Hace para ese alguien tan solo improvisaciones. Le da excusas o aspirinas para pasar el rato. Algunos trucos en castillos de naipes.

Así, el hombre mediocre está más cerca de dios que el hombre ambicioso, porque a ella lo que realmente le interesa no es la felicidad en sí, sino un fundamento para ser feliz. A veces, sin embargo, a este hombre mediocre se le acaban las aspirinas o naipes, aquello que tenía que comprar en la tienda de la esquina.

miércoles, agosto 06, 2008

torcud odnanref

Como diría alguien, déjenme alardear esta muestra de... ¿cariño? Indefinible intención, como el tiempo en La Paz.

Tu faro, tu canon frenan toda duda
ofrendan un afan nunca fatuo.
Tocan, entran, tantean, no frenan.

Un duo dará un eco nunca tenue.
So

lunes, agosto 04, 2008

Um pedaço de nós

No sé si fue un fin de semana solitario. Fui en busca de compañía a una discoteca, fui en busca de un momento de amor. Me dije porqué no sentarme en una mesa y beber una cerveza. Acostumbrándome a la bulla y a las miradas de invitación, dejé que el tiempo pase. Fue interesante solo mirar con tranquilidad a las gentes bailando. Y pasó lo que esperaba sin esperar, tocó una canción antigua que me llevó al mismo desconcierto, ¡hey, ven conmigo a danzar!, me dijo. Empecé entonces a sentir el olor de mi infancia.

Era 1989, mi madre había muerto un año antes y yo deambulaba todavía inconsciente por las casas de mis tíos. Un día llegó una prima mayor, ahora recuerdo, mis pasos torpes y mis cabellos crecidos; ella más tarde bailando lambada, su cintura que me llegaba a los hombros y mis labios tocando su vientre (entiendo por qué me gusta abrazar así). Me había tomado cuando empezó a tocar Kaoma. Daba vueltas infinitas con ella, intentando igualar sus pasos en el aire, oscilado su cuerpo; estaban mis primos, una radio vieja, el piso de madera y las estrellas afuera. Su calor penetraba las tardes en la playa, los días de fiesta de los viejos, las vacaciones, su titubeo cuando la sorprendí al sacarse una polera, el olor a incienso, un carrusel; mi perro febril corriendo al vaivén de mi huida, su gloriosa agonía. Escucho el tema y no entiendo, es muy alegre pero triste, como si me recordara esos viejos traumas y sueños y los elevara en una sola fotografía, de esas que son de otra vida.

Prometí encontrar el tema, encontrar la imagen de esos esclavos bailando alegres lambada. No sabía cómo buscar en internet, ni por el grupo, ni por alguna frase clara que recordara. Luego de varias horas por fin di con ella, con ella, tenía que llamarse Lambamor. Reír y llorar. Intensidad en la oscilación. Saudade. Es mí manera de poseer ese tiempo, una vida guardada en mp3, un milagro de Amelie, una forma de retener lo perdido; como si así de fácil fuera guardar a las personas.

boomp3.com

jueves, julio 24, 2008

Sogliadatai

Sí, la vida se agarra de mí. He intentado perderlo todo, la compañía, el dinero, los ideologemas, esos libros, los recuerdos; pero siempre quedan sus restos, moviéndose. Y vivo de esas migajas.

¿Por qué esas viejas intenciones de querer vivir incluso sobre cuatro ladrillos? ¿Por qué no tener toda la fuerza para recomenzar o por qué no simplemente morirse? Por qué esta agonía perpetua. Lo quiero todo o nada; lo indefinido me atrae pero ahora me doy cuenta que me cansa. Entonces recuerdo a Lestat, el vampiro pomposo y arrogante (una chica asusta a muchos en este café internet, se ha desmayado, quisiera aparentar interés), su acento francés, su inmortalidad, su indiferencia, su no vida. Ha pasado la etapa de su iniciado, Louis, y esa inmortalidad es hastío (me niego a creer que pase lo mismo en un ángel). Así, pareciera necesario un Louis de vez en cuando, o una niña, alguien que se inmute con el don oscuro y que no termine de aprenderlo... ¿cuántos minutos de siglos esperaremos en la película para que se vuelvan como Lestat? Y es que cada vez los veo como partes simétricas de un mismo personaje.

Caminar siempre por el borde sabiendo que si caes vivirás igual, caminar en el caer, caer en el caminar. Es como en mis pesadillas: cuando me doy cuenta que estoy en una, deseo salir, y la única manera es suicidándose, pero el negro humor del destino quiere que al lanzarme de un edificio se enganchen mis ropas antes de tocar el piso; que finalmente lo logre pero que no despierte en esta realidad sino en un palacio; que cada uno de mis intentos sean infinitamente vanos, empezando con el niño que fui, aquel que quería que anochezca moviendo las manecillas del reloj del abuelo. Ahora que intento morir y no puedo siento que esta maldita regla se repite.

Finalmente, me digo, quizás sea porque soy un simple alter ego, a él le muestro estos post-its y los rechaza. Se hallan en orden pero él insiste y amenaza y reclama. Sólo saldrá de aquí cuando me muera de verdad. Mientras tanto seguirá echándome la culpa del desastre existencial, de la contaminación, el desempleo, la miseria, el fracaso o cualquier otra cosa —con objeto de cobrarme su pena de estar vivo.

domingo, junio 22, 2008

sajnvdgiuejcklñas

Se me ocurrió morir. No sería muy difícil, solo perderse para no existir más. En este aniversario probarme a mí mismo si puedo dejar de vivir con este demonio que me corroe y se llama literatura. Creo que el precio pagado ya es suficiente. Aunque tengo miedo de no poder, como Raskolnikov (también deben morir mis ansias de citar), terminaré con algo dentro de mí, sin culpas. No debería ser tan difícil.

Estoy cansado de cerrar los ojos, cansado de la euforia, del plagio. Necesito un hogar.

Gracias por acompañarme en este blog, estará por unos días mientras agonizo.

Cerrado por derribo.

domingo, mayo 25, 2008

Juegos en red

Alguna vez tuve la oportunidad de ser un maldito burgués. Aquel que lee muy bien las aspirinas de Dale Carnegie o de liderazgo (esa palabra es obra del mayor mal de los males). Creo que lo fui pero me aburrí, desde entonces amo la palabra mediocridad. Aunque, debo renconocerlo, siempre está ahí el esquema, hablándome al oído, zumbando como un insecto de mala suerte. Y hay días en que tengo las ganas de ser ese gordito, ese otro sendero que no tomé. Rezo para no dejarme absorver por el mundo, para demostrar a otros y no a mí.

(hay muchos gritos en este lugar, mucha guerra)