lunes, septiembre 08, 2008

Deseos insufribles

¿Y dónde diablos está el maricón de Apolo? Apolo está enfermo, grave.
Bolaño en “Enfermedad + literatura = enfermedad”


Pedro Juan Gutiérrez dice que cuando encontró su estilo fue una catarsis perpetua, “ahí, chico, en esta mesa a las dos o tres de la mañana, con el licor a lado y los papeles revueltos. Y me decían que eso no era material literario, así, descaradamente”. ¿Por qué estos escritores me fascinan? ¿Por qué la Alfonsina es sólo una imagen caminado por las orillas? ¿Por qué la Shelley es ella escribiendo sobre un triste hombre mirando los Alpes? ¿Por qué el Nabokov escribiendo sólo de pelotitas de tenis? ¿Por qué Fuckowski y Viscarra? Si la literatura no es eso, si es sólo oficio, solo trabajo, profesionalismo, técnica y disciplina, me cago en ella. Yo quiero fervor, furia, arrobamiento. La musa, sea lo que sea eso. Quiero eyaculación y éxtasis, no mundos apolíneos y estructurados. ¡Vengan mis terrores y patrañas dionisiacas! Mis vicios pasados.

Y por eso empecé a odiar el fútbol, cuando se impuso el profesionalismo, el rigor academicista y lo predecible. El discurso del fariseo —similar al blog con perfil, mascota, amigos, bloguivianos y “Viva la paz”—. Así, no hay peor tortura que ver un programa de fútbol: dejo de comer, dejo de reír, y con solo ver a su gordo conductor, vomito.

Quiero escribir una literatura como si se tratara de un andamiaje del Play Land Park, quizá un carrusel más, pero por lo menos algo distinto, uno que cuando se suba alguien le haga salir sangre por las narices.
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Parece tan sencillo lo que quieres, tan sencillo como caminar por el agua sin que la arena olvide tus pies.